Presentación a Bruno García
El pensar en arte, el hacer arte y el proponer el arte son identificaciones plenas con el artista Bruno García. El ser y estar en la cultura universal desde las vertientes del conocimiento, las referencias de la historia y el despliegue de una sensibilidad creadora, connotada en los valores reflexivos de las formas, cargadas de simbologías para abstraerse a una semántica definida por el tiempo.
Es el uso de la razón para elaborar estrategias cognoscitivas capaces de estructurar metáforas, que hacen vivible por instantes el mito y la leyenda desde los estímulos de la memoria, activada por las sensaciones calificadas y dispuestas en los oficios de crear. Es la conducta de la intuición embebida en experiencia, ampliada por la acción y definida por los sentimientos, conjugados con el acto heroico y la apropiación cotidiana, en un juego concebido en los placeres estéticos y la gravedad intelectual.
En Bruno García la presencia del dibujo como dictamen de la palabra en la figura y en la figura describe una historia en la concentración del signo que no narra sino dice, que no informa sino invade. Despliega la composición plástica para los espacio de color dejando dimensiones inconmensurables, lugares y estructuras solo definibles en la vigilia de la poesía y confrontables en su materialidad.
Toda la obra de Bruno es un continuo en evolución, una sinfonía con muchos movimientos, una estrella de infinitud de puntos que se concentra en una misma intencionalidad: el devenir. Son valores constructivos de un mundo vivido y por vivir, es el rostro de la historia haciéndose arte y es el hombre, los animales, los árboles, las montañas, los ríos y los mares, las llanuras y los vientos cultivando su decisión, viendo en el crepúsculo su destino, cumpliéndose en la épica para la conquista o para la libertad. Son los sueños de un artista en el acto de soñar de los que miramos y vemos a través de la obra plástica de García.
Gillermo Abdala
Bruno Garcia. Antropologia en Piedra y en Papel
"La fe en el hombre y en las fuerzas autónomas que lo sostenían
Se han conmovido hasta e fondo… "
Ernesto Sabato
Fue muy lenta su evolución, pero por su hábil inteligencia, el hombre primitivo descubrió el fuego, el uso de la piedra tallada en punta y todavía no notaba su compleja naturaleza de hombre.
40.000 años A.C., "en algunas zonas del continente europeo, ocurrió un cambio decisivo
que fue como una definitiva separación y alejamiento de las edades anteriores: el hombre, por esa fecha, empezaba a crear formas que reproducían la realidad en que él mismo vivía y expresaban las ocultas angustias y los miedos abrumadores que dominaban su existencia". Así nace el Arte Prehistórico.
Estas manifestaciones artísticas se parecían. Muchas de estas creaciones de la edad paleolítica fueron encontradas en la Europa Suboccidental , en la Cuenca del Mediterráneo y en la Europa Oriental. Por supuesto, se cree que fueron creadas en épocas muy diferentes.
Estas expresiones no eran concebidas con el objeto de realizar bellas obras para la contemplación, la decoración o la veneración. Hasta el siglo pasado se creía que la representación del animal podría tener una relación de reclamo de la forma semejante al natural. Tendríamos que entender que éstas surgieron "como manifestaciones de la voluntad creadora del hombre primitivo, de su aspiración de hacer algo de la nada, de su complacencia en fijar de modo evidente, y en determinadas formas, algún aspecto de su pensamiento confuso, de su obsesionante angustia".
Son asombrosas las pinturas rupestres del hombre primitivo, en las cuevas de Lascaux en Francia, y las cuevas de Altamira en España. Estos yacimientos demuestran la existencia de bisontes, bueyes, renos y caballos en esas zonas.
Con toda intención analítica, podríamos relacionar las obras de Bruno García con estos hallazgos rupestres, sabiendo que Bruno se considera como un antropólogo imaginario que recrea sus propios vestigios.
En los dibujos de este joven artista, emerge toda la mitología existente que nutre sus conocimientos. Sus caballos, figuras humanas, que danzan con una gran carga mágica- religiosa, son testimonio del conocimiento de un estudioso metódico y profundo de lo que hace. Danzas, ritmos, lo zoológico, lo fósil, son representados con, esa misma magia del dibujo, una soltura y firme libertad de sus trazos, ya que Bruno sólo dibuja, escribe y describe sus recuerdos y reafirmaciones de lo ancestral.
Bruno García reflexiona acerca de su propio pasado y del pasado de aquellos que con él vivieron y reflexionaron, por ende, acerca del sentido de la Historia. Estudioso también de la obra de Leonardo Da Vinci, de la perfección del hombre de alma agradecida que llega cargada de silencio; del hombre de pureza anatómica, hombre icono de crucifixión, de la piedad, del hombre sufrido y bajado de la cruz.
Los dibujos, con colores celosos de su grafia, buscan el instante retenido en la fijeza de su mente y expresan una clase de ascensión iniciática hacia una imagen que aparece sublimada con ansia de justicia y gloria vista como pasado desde el presente.
Bruno, percibe en Da Vinci que la naturaleza distribuye las medidas del cuerpo humano.
Afirmaba Leonardo; "Entre las obras de los hombres y los de la naturaleza existe la misma relación que entre el hombre y Dios". . .
La quietud y rigidez de Cristo, lo dinámico en, la danza de los hombres, el galope quieto de un salvaje caballo, están envueltos en una luz resuelta sabiamente a través del color dispuesto en capas superpuestas y transparentes, sin contrastes violentos que envuelven la figura suavemente al mismo tiempo que al fondo; se notan en muchas ocasiones descuidos intencionales de una secreta complicidad como una frágil constelación donde van deambulando seres atónitos que parecen ausentes o que se hacen presentes a través de los rastros que va dejando su ausencia, su fuga hacia un lugar extraño, pero presentido.
¿Podríamos considerar a Bruno como un monje por su discurso de carácter místico- mítico y religioso?
Bruno tiene su realidad rodeada de una atmósfera de misterios y semejanzas con su alma y su cuerpo. Tiene una gran relación entre el carácter conceptual y el carácter realizativo.
Freddy Villarroel Lárez
San Antonio de los Altos, Agosto 2007
Filipides desafía al tiempo en su carrera. es el hombre enfrentado a su destino, la épica del ser, la confrontación constante consigo, con su naturaleza, el predarse en busca de la paz que solo llega en forma de pausa, detenimiento para estar atentos, recobrar fuerzas para la nueva carrera. el próximo reto.
Bruno García nos remite a esos dos tiempos. Es el guerrero en duelo y es la línea la memoria de su transito, son las manchas los vestigios de sus actos sobre el soporte como relato de su leyenda. Es también el hombre que observa. Hierático, solemne, presto a hacer frente al devenir, atención enunciada en el dibujo, en lo firme del trazo, en la seguridad del pincel.
Del mismo modo dialoga con los arquetipos, con las primitivas representaciones de la fuerza, con los símbolos que animan el vigor del espíritu humano: animales que representan nobleza y poder, pero que al mismo tiempo son domados y sometidos. Bruno García nos recuerda la naturaleza humana.
Torkins Delgado |